12 de julio de 2011

Fichas de ensueño

Ella deshizo con cuidado el nudo, lo desajustó y dejó las zapatillas debajo de su cama. Se acostó, apagó la luz y miró el techo. Cerró los ojos como buscando para sus adentros alguna respuesta que no llegaba. Los abrió de nuevo. Arriba, el blanco pálido, insípido. En su mente, un deseo de sol.
Movía sus pupilas de un lado a otro como si no pudiera retener ningún pensamiento por mucho tiempo, como si se escurrieran así nomás mientras ella los dejaba huir, indiferente. Por un momento contemplaba su vida como si se tratase un film extraño, de planos cortos y abstractos que la tenían como protagonista. Sin embargo no la inquietaba; veía como un juego imaginarlos en combinaciones extrañas, como si por un momento pudiera cambiar el orden y fuera capaz de reconstruir lo destruido, gobernar el tiempo y hacerlo retroceder y volver a andar como un tic tac de vida. Se divertía armando un rompecabezas con espacios vacíos, con encastres falsos. Pero, al fin de cuentas, era inevitable verse allí, era ella. ¿Era ella?
El pensamiento se escurrió de nuevo y su cabeza se hundió en la almohada. Quizá entre sueños encuentre sus fichas perdidas en los techos insípidos de otras almas inquietas.

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