Una mano que escribe en silencio.
Concentración. Pausa.
Dedos que revuelven una maraña de pelo,
como si de él fuera a caer alguna idea
que empape el papel.
Un papel escrito sólo con tachones y ninguna letra.
Letras que se mezclan en el plato de una sopa caliente
y forman anagramas imprecisos.
Una cuchara que revuelve el plato, vacilante.
El vapor que sube y empaña los anteojos.
El calor que llega a los poros y gotea sobre la sopa.
Dos letras separadas, flotantes.
Dos letras unidas por el mismo calor,
por el mismo olor a caldo casero impregnado en la masa.
Dos letras que no pueden formar ninguna palabra,
Pero sí una sílaba tónica.
La cuchara que revuelve el plato y forma espirales de humo.
Un manojo de letras que giran y son cazadas.
Una nariz fría de invierno, húmeda.
Una boca de labios secos y ásperos que engulle las letras.
Y ahí van, las dos juntas,
a formar versos en conductos subterráneos.
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